CATEDRA LIBRE CHE GUEVARA

Jueves 4 de mayo de 2006
Invitado: Saúl Casas

EL DOBLE PROCESO REVOLUCIONARIO

Me presento: soy Saúl Luis Casas, profesor de Historia en la Facultad de Humanidades y en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Pertenezco a la cátedra de Historia Americana II, en la primera, e Historia de América Latina, en la segunda. Además de ser profesor de Historia, hice la licenciatura en Sociología, pero especialmente me dedico a la historia de América Latina, siglo XIX y siglo XX, que son los temas que más manejo. El tema de hoy está, sin embargo, muy vinculado a América Latina. Lo que voy a tratar es el doble proceso revolucionario, conocido, sobre todo, por la mención que hace Eric Hobsbawn, el historiador inglés, de lo que él llama la doble revolución. Trataré de vincular esas dos revoluciones y ubicarlas en el contexto de los cambios operados a nivel de la estructura económica y política y que influyeron de manera muy notable sobre el mundo contemporáneo. Se puede decir que esas dos revoluciones podrían marcar un hito fundamental en lo que es la conformación de la sociedad contemporánea.
En principio, habría algunos antecedentes que le dieron base a este proceso revolucionario, que se puede decir que se enmarca hacia fines del siglo XVIII, y estos antecedentes uno podría ubicarlos en los cambios operados ya desde fines de la Edad Media y principios de la Edad Moderno, en base al surgimiento de las formas de organización del trabajo y formas de la organización mercantil, con el surgimiento de nuevas clases, sobre todo, particularmente, de la burguesía, como clase que se va conformando en sí misma hacia fines de la Edad Media. En ese largo proceso, que se inicia sobre fines del siglo XV, en el cual la burguesía como clase mercantil, como clase económica, y también como clase con tendencia y con interés en la política, sobre todo en el control y le manejo del Estado, va configurando un universo ideológico, un universo cultural propio, esta burguesía, ya madura en Europa Occidental, es la que protagoniza este doble ciclo revolucionario en el siglo XVIII. O sea, las dos revoluciones, la industrial en Inglaterra, y la revolución francesa, son fenómenos que, si bien ubicados en un momento determinado de la historia, no son casuales, sino que están en el contexto de una historia previa, que fue cimentando, que fue generando las condiciones para el proceso revolucionario. Procesos que uno, en principio, tiene la necesidad de diferenciarlos, por las características propias de cada uno de ellos.
En Inglaterra se dio, básicamente, una revolución económica, y en Francia, una revolución política. Pero es muy difícil poder diferenciar lo político de lo económico, cuando estas cosas van de la mano, sobre todo cuando van unidas a la cuestión social, por lo tanto, es mejor decir que la revolución industrial en Inglaterra y la revolución francesa son parte de lo que Hobsbawn denomina la revolución burguesa: son revoluciones que están en el marco de una forma ya madura que adopta la burguesía como clase en Europa Occidental y que es parte de un proceso complejo, que tiene raíces históricas y que para esta época del siglo XVIII ha madurado suficientemente como para transformarse en un proceso que adquiere carácter revolucionario.
Cuando hablamos de revolución, sin duda, tenemos que hablar de cambio de estructuras. ¿Qué es lo que se revoluciona con este proceso revolucionario, que incluye una cuestión económico-política? En primer lugar, lo que se pone en tela de juicio es el Antiguo Régimen, que se sustentaba en un modelo de dominación político-social que tenía como forma de estructura política, como sistema político, una monarquía absoluta, y la base de sustentación de esta monarquía, que en algunos casos se había legitimado entendiéndola como carácter divino, o sea que los reyes eran reyes absolutos por orden y mandato de Dios, existían formas legitimadoras de este poder. Por otra parte, esta monarquía se sustentaba en una estructura de clases fuertemente rígida, de carácter estamental, que tenía su origen en la vieja sociedad feudal. Ya sobre fines del siglo XVIII, si bien se había modificado bastante la estructura feudal, propia de la Edad Media, existían formas de organización social, en las que todavía se puede hablar de dos o tres clases, que son las clases privilegiadas, en términos más bien modernos. Pero todavía se seguía usando, particularmente en Francia, el término de “estamento social” y esto es propio de feudalismo. Estamento o estado. Y esto, en sí mismo, marca el carácter de la estructura social: cada sector, o clase social, o estamento se consideraba a sí mismo un estamento “químicamente puro”, diferente de los otros, con ciertos privilegios y ciertas prerrogativas, que les estaban dados por origen de sangre, por origen social, por origen en el hecho de poseer, respecto del Estado y del poder político, privilegios.
Si tomamos el caso de la sociedad francesa de fines del siglo XVIII, vemos una sociedad en la que se notan con mucha nitidez tres estamentos: el primero es la Iglesia Católica, que constituía una clase en sí misma, teniendo en cuenta el carácter absoluto del Rey (Luis XVI), que pertenecía a la familia Borbón, y por lo tanto la Iglesia Católica estaba en el pináculo de la estructura social, estaba colocada como el primer estamento, poseía bienes inmuebles, bienes raíces, pero, sobre todo, poseía todos los privilegios que le otorgaba el sistema político-social: exención de impuestos, acceso a los beneficios del poder, y justamente por este vínculo tan estrecho entre monarquía y legitimación ideológico-política que la Iglesia otorgaba.
El segundo estamento en Francia era la nobleza, una nobleza aristocrática, cuya base de sustentación era la tierra, o sea, era una nobleza terrateniente, en un punto, pero también existía la nobleza de capa y espada, la que provenía del sector militar, básicamente nobles de entre los cuales provenía el sector que dirigía al ejército. Por lo tanto, ahí se unían, en estos dos estamentos, las bases de la dominación económico-social de Francia: terratenientes, militares, sacerdotes, sustentando el poder monárquico.
El tercer estado, o “estado llano”, como se lo llamaba, lo conformaba un nutrido grupo de diferentes clases sociales. Ya para fines del siglo XVIII, en Francia existía una importante burguesía comercial y financiera que controlaba la banca y el comercio, pero, por el hecho de no poseer origen noble, no podía acceder a los privilegios de los otros dos estamentos. Eso, de alguna manera, hacía que la burguesía que se había desarrollado desde fines del siglo XV en toda Europa, pero, particularmente más importante en Francia desde el siglo XVI, buscara espacios, buscaba abrirse camino en el reconocimiento social, pero también en la cuestión política. Quería hacerse cargo de algunas formas de dirección política.
Pero esos caminos le estaban vedados a la burguesía, más allá de que la gran burguesía mercantil o comercial, era poderosa, porque poseía el manejo y el control de las rutas comerciales, por ejemplo, el control en la producción y el armado de buques, el control de las rutas del interior de Francia, también tenía vínculos, cartas, poderes que le otorgaba la monarquía para comerciar con las diferentes colonias de Francia, sobre todo en América, en el Caribe, en Canadá. Pero esta burguesía no podía aspirar más allá de ciertos niveles de ascenso social y de acceso a la política, limitada, como estaba. La burguesía estaba agazapada, esperando el momento para poder actuar. Pero los demás sectores sociales que formaban el tercer estado, eran también heterogéneos, como una pequeña burguesía urbana, artesanos, que poseían, a su vez, algunos empleados, que trabajaban bajo su tutela, y después una masa de obreros que trabajaban en las manufacturas, que existían en algunas ciudades francesas, sobre todo en París.
Todavía el trabajo estaba basado en sistemas en los que existía muy poco la máquina, trabajaban mucho más la mano, por eso son manufacturas, y existían formas todavía no propias, como va a ser después con la revolución industrial con la aparición de la fábrica. Todavía son talleres pequeños, controlados por algún artesano o maestro que conocía el proceso productivo. Y también existía una forma alternativa, el sistema domiciliario, que tenía la característica de producir bajo la tutela de padre y madre, incluso muchas mujeres estaban a cargo de este sistema, en el hogar. Trabajaba toda la familia, hilando y tejiendo, utilizando generalmente telares manuales. Porque, por un lado, podemos decir que las formas vinculadas a la producción manufacturera, tenían en el área textil el centro de la producción, los productos que provenían del sector domiciliario alimentaban el sector textil, básicamente.
Cuando hablamos de tercer estado, podemos referirnos también a una masa de campesinos, la mayoría sin tierras, dependientes de los terratenientes, que vivían bajo el régimen feudal todavía. Estamos a fines del siglo XVIII y todavía existen relaciones feudales en el campo francés. Estos campesinos vivían en aldeas que estaban incluidas muchas veces dentro de los territorios de los terratenientes, no muy bien demarcados todavía, porque no existían formas de demarcación muy claras, más allá de ciertas marcas naturales, como alguna colina, algún río o arroyo. Generalmente los terratenientes controlaban la tierra, por supuesto, pero además controlaban a esta masa de campesinos, que ellos veían mano de obra para el trabajo agrícola y ganadero. Los terratenientes, la mayoría vinculados a la nobleza, estaban también vinculados al sistema mercantil, o sea, la producción en el campo, era vendida a los mercados del interior de Francia y también en el exterior. La burguesía mercantil le compraba a los terratenientes y vendía al interior o al exterior.
Pero el acceso a la tierra era prerrogativa de esta nobleza. La nobleza intentó evitar, de muchas maneras, que su tierra fuera enajenada, dividida, y, por ende, también sus privilegios de clase, sobre todo los derechos feudales. Estos derechos feudales, que venían de etapas bastante antiguas, entre otras cosas, tenían algunos elementos particulares, como el hecho de que para poder moler el grano que producían los campesinos, lo tenían que hacer en los molinos harineros que tenían los terratenientes, que eran los únicos que poseían estos molinos. A cambio de esto, los campesinos le debían trabajos a realizar en los campos de los terratenientes, utilizando el sistema de la reserva, o sea, se reservaba un territorio exclusivamente para la mantención de la familia del terrateniente, pero también una parte, el excedente, que se vendía a los mercados. Esta era, más o menos, la estructura social francesa en los tiempos previos a la revolución.
La revolución estalla en 1789. Ahora, la pregunta que uno puede hacerse es: ¿qué condiciones llevan a este proceso revolucionario? Y tienen que ver con las características de Francia, en lo que hace a la política restrictiva que tenía la monarquía y el sistema que habían impuesto los nobles y la Iglesia, al exceso y al manejo de las cosas del Estado. El Estado era propio de estos dos estamentos y, por lo tanto, vinculado a la figura del Estado, los únicos que podían decidir, básicamente, qué hacer con el Estado, eran estos sectores, la nobleza y el clero. Y por eso es importante vincularlo con América.
En 1776 se producía la independencia de Estados Unidos. Francia participa a favor de los revolucionarios norteamericanos. Francia, tradicionalmente, fue enemigo de Inglaterra, entonces una manera de atacarla era apoyar a los colonos que intentaban independizarse. Esta guerra dura varios años y genera las condiciones para la independencia. En 1783 se firma un tratado por el cual Inglaterra acepta que sus colonias hayan logrado la independencia. Pero como Francia interviene a favor de los independentistas norteamericanos, esto deteriora de manera notable al fisco, a los ingresos fiscales, sobre todo, y genera una crisis económica. ¿Cómo se resolvía esta crisis? ¿Cómo era posible revertir este proceso de déficit fiscal?
Allí aparecen diferentes soluciones. Las soluciones van a aparecer, en principio, de algunos que intentan aconsejar al rey para que el Estado aplique medidas de aumento de impuestos, particularmente a la aristocracia terrateniente. Por supuesto que los terratenientes se niegan a esto, acostumbrados como estaban a no pagarlos, y entonces la revolución francesa se inicia como una reacción aristocrática, o sea, lo que enciende la “chispa revolucionaria”, es la negación de la aristocracia a pagar los impuestos. La movilización que genera la aristocracia desde arriba, algunos lo ven como un resquebrajamiento del bloque de poder, utilizando conceptos de Antonio Gramsci, o sea, la estructura de poder dominante se resquebraja en el mismo seno del poder dominante, al ponerse en tela de juicio ciertas estructuras de dominación económico-social y al quebrarse, justamente, la unidad interna de ese bloque dominante. Estos sectores aristocráticos son los que, de alguna manera, con su negación, impulsan a los demás sectores sociales.
Aquí es cuando el rey decide convocar a la reunión de los estados generales. La reunión de los estados generales implicaba que cada uno de estos estamentos o estados mandase diputados a una reunión general a realizarse en París. Eran un número determinado de diputados de cada uno de estos estamentos, pero, en el momento de votar, se votaba por estamento. Si había que tomar una decisión, como, por ejemplo, ponerle impuestos a la nobleza, cada estamento valía un voto. O sea que no se votaba individualmente. Esto hace que, al aparecer miembros del clero, de la nobleza y del tercer estado, que incluía a la burguesía y a otros sectores, como diputados a los estados generales, que se convocan para los meses de mayo y de junio de 1789, las discusiones internas fueran alineando las fuerzas con mucha más claridad. Los diputados del tercer estado provenían de la gran burguesía y de la mediana y pequeña burguesía, o sea, intelectuales, políticos, profesionales, comerciantes. Es un estamento aún difuso en términos de clase.
La situación comienza a hacerse crítica cuando la burguesía presiona para votar en términos individuales y no en términos estamentales. Finalmente, logra la burguesía romper la asamblea de los estados generales. El rey, después de todos estos conflictos, decide disolver la reunión de los estados generales y esta disolución, hecha por la fuerza con el ejército, general la rebelión del 14 de julio de 1789. Los sectores del tercer estado movilizan a los sectores populares y comienza lo que podemos llamar la revolución popular, o sea, la burguesía, que tiene representantes dentro de los estados generales, decide formar una asamblea paralela que se reúne en otro lugar. El rey disuelve esta asamblea y se genera la toma de la Bastilla, el intento del pueblo de buscar armas, más allá de que la Bastilla era una cárcel, en la que había muchos presos políticos, en realidad lo que buscaban ahí eran armas. Los acontecimientos se van desencadenando y explicarlos en detalle llevaría mucho tiempo.
Pero podríamos marcar tres momentos de la revolución. El primero, que se inicia con los acontecimientos del 14 de julio de 1789, hasta que se destituye al rey. El rey es destituido en 1792, se termina con la monarquía y se dicta una Constitución al iniciarse el período, en ese año, que se llamó de la Convención, que es una asamblea legislativa que funciona como poder ejecutivo, es decir, discute y actúa políticamente con decretos. Se dicta la Constitución de 1792, que es una Constitución republicana. Por primera vez se instaura una República, la Primera República en Francia. Tanto es así que la Convención decide cambiar el calendario gregoriano y se decide poner otros nombres a los meses del año, o sea, los meses de alta temperatura se les llama Termidor, por ejemplo, los meses de las brumas son el Brumario y así sucesivamente. Les dan sus nombres de acuerdo a circunstancias naturales y con eso se inicia una ruptura ideológico-política muy grande de esa estructura estamental que había sostenido durante siglos la estructura feudal y atacando el corazón del poder. Se dicta la Constitución civil del clero, se les sacan los bienes del clero, nacionalizándolos.
La etapa de la Convención es la más radicalizada de la revolución francesa y se inicia en 1792, pero también es la etapa de lo que se llamó el Terror, cuando llega al poder el sector más radicalizado de la estructura política jacobina. El jacobinismo es una tendencia formada por la pequeña burguesía intelectual y política, algunos eran abogados, médicos. Sobre todo los abogados y los médicos tuvieron mucho que ver con las revoluciones. En este caso, pensemos en el Che Guevara, ¿no? Es decir, la importancia que tiene el ser abogado y ser médico, y la legitimidad que eso otorga a nivel social, de alguna manera son los depositarios del conocimiento y de la razón, por lo que tienen mucha legitimidad en el momento de la acción política. Esos son los que toman las decisiones, como el caso de Robespierre. La decisión es atacar con todo contra el poder de la nobleza y el clero. Lo que recuerdan los documentos, los historiados, es el famoso silbido de la guillotina, cuando silbaba la guillotina se estaba ejecutando a alguno que se consideraba opositor a la revolución.
El período del terror se extiende hasta 1795 y en el mes de Termidor de ese año, mediados de años, sería julio, se produce lo que se llama la “reacción termidoriana”: un sector, dentro de la Convención, un sector de la derecha, de la burguesía más liberal, decide dar un golpe de Estado y desalojar al sector más radicalizado de la revolución. Todos son mandados también a degüello, que era la forma que había para exterminar al enemigo político.
A partir de 1795 y hasta 1799, la revolución entra en una meseta, podríamos decir, controlada por la burguesía liberal y en un proceso en el cual Francia se encuentra sumergida en la revolución interior, pero también en la guerra exterior. Francia tiene que hacer frente a las monarquías absolutas que deciden atacarla, quizás de manera preventiva, para evitar la propagación de la revolución. Entonces, se genera una guerra entre la Francia revolucionaria y las monarquías absolutas de Europa, particularmente proveniente de dos países: de Prusia, que es un territorio que pertenecía al imperio alemán, el territorio más importante en términos económicos, pero también la estructura militar más importante de Europa, y el ejército austríaco. Los austríacos y los prusianos van a ser los principales enemigos de Francia. La guerra se extiende durante varios años, pero lo que va marcando el proceso militar es el avance de Francia y el control, finalmente, sobre gran parte de Europa.
Para 1799 se produce otro golpe de Estado y llega al poder, a través de un sistema que se llamó el Consulado, un joven general llamado Napoleón Bonaparte, junto con otros, pero a él se le otorga el título de Primer Cónsul, dentro del Consulado, que era un triunvirato. La carrera de Napoleón se hace vertiginosa en la política y aquí la revolución se sale del control de la burguesía liberal y la burguesía se pone debajo del poder militar. El verdadero motor, impulsor, del proceso revolucionario, van a ser las fuerzas armadas, y, concretamente, lo militar controlado por Napoleón. Es decir, la burguesía liberal, que había dado el golpe en 1795, no puede establecer un régimen político estable y recurre al poder militar. El reaseguro para poder mantener el sistema social y económico dentro de los carriles de una revolución burguesa, se lo va a dar Napoleón.
Conjuntamente con este poder militar y su poder personal, lo que verdaderamente ocurre es que Francia se transforma en la primer potencia de la Europa continental, generando un imperio de carácter político militar, que toma la forma de lo que se llamó el imperio napoleónico. En 1804, Napoleón es coronado Emperador de Francia, con todos los honores y con todo el boato para la época, por el mismo Papa, que lo nombra Emperador. O sea, con eso volvía a cerrarse el circuito: aquella burguesía revolucionaria de 1789 no es que va a cejar en su carácter revolucionario, pero ahora la revolución comienza a tomar un cariz conservador. Es una revolución típicamente de carácter burgués, la burguesía intenta de todas maneras evitar el acceso de otros sectores sociales, a los cuales reprime, y la garantía estaba dada por Napoleón y su sistema de control político-militar.
El sistema napoleónico se extiende hasta 1815, que es la finalización de este período, pero podemos nombrar como grandes episodios de este período dos momentos: cuando Napoleón decide bloquear los puertos europeos al comercio británico y, por otro lado, cuando decide en 1812 la invasión a Rusia. Son los momentos en que se demuestra, por un lado, la guerra económica con Inglaterra, y, por otro, el intento de consolidar el poder político territorial en Europa occidental, avanzando sobre Rusia e intentando la hazaña de dominar toda Europa, incluso Rusia. Pero quizás esto fue el principio del fin del imperio napoleónico. En 1815, después del episodio de la vuelta de Elba (él es confinado en la isla de Elba, en el mar Mediterráneo), vuelve y se produce lo que se llama “los 100 días”, antes de Waterloo y después de la derrota, muere en una isla frente a Africa, muy cerca de la isla de Ascensión, en una isla llamada Santa Elena, ubicada frente a Angola, y muere en 1821.
De este largo período que va desde 1789 hasta 1815, ¿qué síntesis podríamos hacer? En principio, podríamos ver cómo la burguesía se va conformado, en términos generales, como clase política. Logra realizar profundas reformas ideológicas, políticas y sociales, que creo que dejan una marca fundamental para la vida contemporánea. Pensemos, por ejemplo, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, fundamental como elemento que todavía pueden ser esgrimidos en el proceso de asimilación y comprensión de lo que significan los derechos del hombre, la libertad de prensa, de opinión, de circulación, la libertad en términos generales, como gran principio rector, que es emergente, sin dudas, de la revolución francesa, uno de sus grandes postulados. En eso, Eric Hobsbawn, barre con mucho detalle el carácter, como él dice, “ecuménico” de la revolución francesa. O sea, todo el mundo habitado no puede dejar de entender a la revolución francesa como la gran revolución contemporánea. Es tan importante, dice, que sus ecos llegan, como coletazos finales, a la revolución de 1917 en Rusia. El dice que el episodio final del proceso revolucionario que se inicia en 1789 serían la revolución rusa de 1917, como un eco, como si hubiera quedado una campana resonando en Europa.
Si bien yo pongo un punto límite con la desaparición de Napoleón de la escena política, en realidad a la revolución francesa le van a seguir otras revoluciones de carácter burgués, como en 1830, 1848 y sucesivas oleadas revolucionarias que serán consecuencia y, en algunos aspectos, serán producto ideológico, político, de lo que se generó en Francia, que desparrama ciertos ideales que le van a permitir al mundo contemporáneo conformarse alrededor de ciertos postulados como la libertad individual, la democracia liberal, y los grandes postulados de la revolución, en términos generales, rompiendo las bases de sustentación del antiguo régimen político y de los resabios que aún quedaban con mucha fuerza del régimen de estructura estamental de la sociedad.
Ahora, si Francia generó una revolución ideológico-política que influyó de manera notable en el mundo contemporáneo, Inglaterra fue, por otra parte, la que propuso y promovió una verdadera revolución económica. Por eso es que la otra punta que es necesario analizar en este proceso, es la revolución industrial, que se inicia, podemos decir, si bien algunos dicen que el “take off”, o sea, el despegue, a partir de 1780, 1790, con la incorporación de la máquina de vapor y de las innovaciones técnicas en el proceso productivo, en realidad, previo a la revolución productiva -no quiero con esta frase rememorar a algún ex presidente- habría que ver algunos antecedentes para los cuales podemos remontarnos al siglo XVII.
¿Qué había pasado en la Inglaterra del siglo XVII? Ya mucho antes que en Francia, Inglaterra había generado una revolución política. También existía allí un sistema de monarquía absoluta, pero a mediados del siglo XVII se produce una guerra civil entre sectores de una emergente burguesía que intentan ganar espacios políticos. Esa guerra civil termina con el ajusticiamiento del rey y con eso se inicia el fin de la monarquía absoluta. En el año 1688 se produce el cambio de dinastía en Inglaterra, instalándose una nueva dinastía que es la que llega hasta nuestros días, que es la dinastía de los Hannover, que se instala, después de lo que se llamó la “revolución gloriosa” en 1688. Y con eso se establece un sistema de monarquía restringida, un sistema de monarquía constitucional en Inglaterra. El rey gobierna, sí, pero bajo un régimen constitucional, que hace que del Parlamento inglés surjan los verdaderos directores del Estado. Y el Parlamento se conforma con esas famosas dos cámaras que llegan, en cierta forma, hasta nuestros días: la cámara de los lores y la cámara de los comunes. Los comunes, en realidad, eran aquellos que no pertenecían a la nobleza, básicamente, eran burgueses. Ellos van a permitir el acceso de sectores no pertenecientes por sangre, por prerrogativas sociales o de nacimiento, a la vieja clase terrateniente, noble, que había sostenido durante siglos el poder de la monarquía absoluta. O sea, que ya en el siglo XVII se puede decir que en Inglaterra se ha dado una revolución política.
Pero la burguesía inglesa es una burguesía todavía en proceso de formación como clase, en proceso de consolidación como clase. ¿Cómo se va consolidando y fortaleciendo la burguesía inglesa? En la medida, y sobre todo teniendo ahora el acceso al parlamento inglés, en que la burguesía inglesa puede acceder a la dirección del estado. No puede acceder de manera absoluta, porque si bien es mayoritaria la cámara de los comunes, las decisiones todavía deben ser negociadas. El proceso es lento, pero durante todo el siglo XVIII se va produciendo en Inglaterra el proceso de consolidación de la burguesía, particularmente de la burguesía agraria. Desde mediados del siglo XVIII, el Parlamento inglés emite una serie de decretos que permiten el cercamiento de los campos.
Hasta ese momento, los campos ingleses no tenían cercamientos, el sistema se llamaba “open fields”, o sea, campos abiertos: un señor feudal gobernaba sobre una comarca, pero los campos no estaban cercados, sólo existían algunas marcas naturales. Pero con el proceso de cercamientos, desde mediados del siglo XVII, los campos se van cerrando. ¿Qué es lo que estaba pasando? Simplemente, un proceso de apropiación privada de la tierra. O sea: el surgimiento de una burguesía agraria en Inglaterra. Surgimiento y consolidación de esa burguesía agraria, que cuando fue consolidándose como clase propietaria, también fue consolidándose como clase comercial, porque en el mismo momento en que se da el proceso de cercamiento, el campo comienza a producir, utilizando nuevas técnicas, como rotulación de los campos, semillas, y otro tipo de innovaciones tecnológicas, que permitirá lo que se llamó la revolución agrícola. O sea, que para entender la revolución industrial, es necesario, previamente, entenderla como revolución agrícola, que está vinculada, a su vez, con la revolución política del siglo XVII.
La revolución agrícola, es decir, el intento de cambiar la estructura productiva del campo y el proceso que lleva a ese cambio, a su vez está incentivado por el crecimiento del mercado externo en las colonias, y con el crecimiento del mercado interno, que son procesos convergentes, unívocos, en el que el mercado interno crece, pero también crece el mercado externo, los productos agrícolo-ganaderos que se producen en el campo son vendidos en los mercados de las ciudades de Gran Bretaña, pero también en los mercados exteriores.
Ahora, fíjense cómo va unido a otra cuestión social: el surgimiento de esta nueva burguesía agraria, favorecida por estas leyes de cercamiento, de las cuales no son exentos del reparto los viejos terratenientes que provenían del sistema feudal, pero a los cuales se incorpora una nueva burguesía agraria, favorecida por las leyes del estado, permite el surgimiento de formas intermedias de producción, por ejemplo, el arrendamiento, la aparcería, la mediería, que son formas intermedias: el terrateniente posee la tierra, pero el trabajo lo hace un aparcero, que es el que parte con el dueño de la tierra el producto. El terrateniente no le paga en dinero, sino con una parte del producto. El arrendatario es aquel que alquila el campo al terrateniente y lo pone en producción, contratando mano de obra, que proviene de los propios campesinos, muchos de los cuales se quedan en la tierra para trabajar como trabajadores proletarizados. O sea que hay una tendencia en el campo británico del siglo XVIII a crear un proletariado agrario. El excedente de mano de obra migra a la ciudad. El campesino que es expulsado de las tierras, como producto del proceso de cercamiento, tiene dos caminos: uno, quedarse a trabajar como jornalero en la tierra, y otro, migrar a la ciudad.
(…)
Van apareciendo las primeras formas modernas, podríamos decir, de organización del trabajo, con algunas técnicas novedosas en la producción manufacturera, sobre todo hacia mediados del siglo XVIII. ¿Por qué crece el sector manufacturero? También impulsado por la demanda del mercado interno y del mercado externo, en las colonias británicas. En la medida en que el imperio británico se hacía más poderoso afuera, eso generaba un crecimiento en las manufacturas adentro y un crecimiento del proceso productivo en el campo. El excedente de mano de obra que se iba del campo a la ciudad, a su vez, se incorporaba al mercado de trabajo en las manufacturas. Todos estos crecimientos convergentes, que van complementándose uno al otro, generaron las condiciones para incorporar las nuevas tecnologías en el proceso productivo, o sea: ¿por qué se produce la revolución industrial? Por un proceso de necesidad, la necesidad de producir más para un mercado que crece más. Al crecer la demanda, necesita generarse una mayor oferta. La oferta va detrás del crecimiento de una demanda, que, a su vez, crece por las consecuencias del desarrollo político-militar que tiene el imperio británico. Su política, durante el siglo XVIII, es una política muy agresiva. Es mucho más agresiva, incluso, que con el sistema de la monarquía absoluta.
La burguesía, asociada al poder político, durante el período en el cual gobierna la dinastía Hannover, tiene una política fuertemente agresiva, que implica una fuerte intervención en diferentes conflictos bélicos, en la consolidación y constitución del imperio colonial, entonces ese impulso político-militar que tiene hacia afuera, impulsa la economía de adentro. Para mediados del siglo XVIII, Inglaterra estaba en condiciones de llevar adelante el proceso de revolución tecnológica, que, a su vez, iba a generar las condiciones para el aumento de la producción. Por eso, en 1780 o 1790 es que algunos están poniendo el momento en el cual se aplica, sobre todo, la tecnología que proviene de la utilización de ciertas máquinas con energía vinculada al vapor, el momento en el cual se produce el gran despegue productivo, el crecimiento exponencial de la producción, el momento de una meseta productiva y ciertos niveles de crecimiento, pero en forma espasmódica. Con esto se genera un gran crecimiento, un verdadero despegue de la producción.
Con el gran despegue del siglo XVIII, al cual van asociados otras innovaciones técnicas y otras necesidades tecnológicas, se va configurando también una nueva sociedad en Inglaterra. Las ciudades crecen de manera notable, el aluvión de personas que viene del campo a la ciudad es inmenso, no hay lugar para todos, por lo que se producen hacinamientos, nuevas enfermedades, algo que ha sido descripto por la literatura, cuando se critica, por ejemplo, el trabajo de los chicos y de las mujeres en las fábricas, pero, sobre todo, la aparición, lenta todavía, del proletariado fabril. Porque lo que aparece como algo novedoso de la revolución industrial, es la fábrica: un taller grande que alberga a trabajadores absolutamente desposeídos de los medios de producción. Lo único que ofrecen es la venta de su fuerza de trabajo.
Y esto, quizás, sea la característica típica de la revolución industrial: hay un salto muy grande desde lo que es la manufactura, donde interviene más la mano que la máquina, donde el nuevo trabajador ya no es un artesano, que utiliza la capacidad individual y la decisión individual en la confección de su producto, sino que aparece lo que podríamos llamar la racionalidad empresarial, aparece un concepto nuevo de empresa: la fábrica como instancia productiva, como lugar de producción, el trabajador proletarizado que recibe un salario, desposeído de los medios de producción, y la racionalidad que se observa en el uso del tiempo, en el uso racional del tiempo.
Esa es la aplicación de la racionalidad burguesa a la producción y, también, a la acumulación, al proceso de acumulación. Pero hay algo interesante, que ha sido analizado, por ejemplo, por Marx: es cuando el capital, al incorporarse como locomotora del proceso de acumulación en el sector productivo, más que a la distribución o que en el sector comercial, básicamente, genera un gran impulso del desarrollo capitalista contemporáneo. El capitalismo pasa a ser un capitalismo industrial, es decir: hay una industria que es el motor del desarrollo capitalista en Inglaterra.
Y en ese sentido podemos marcar el carácter revolucionario de la revolución inglesa en términos económicos, que es cuando el proceso reproductivo del capital es generado por el impulso de la industria. La industria, en sí misma, va abriéndose camino y generando sus propios mercados, pero recordemos la importancia que tienen la revolución agrícola previa y la revolución política previa, o sea, la construcción de una clase que va configurando un universo ideológico propio, que va intentando construirlo y consolidarlo a partir de la toma del Estado. La burguesía necesita construirse a sí misma primero, y luego consolidarse como clase política, y desde ese punto de vista, a su vez, impulsar el proceso de desarrollo y acumulación del régimen capitalista industrial.
Habría otras variables para analizar, pero aquí termina la síntesis de lo que yo quería decir, de todos los elementos que aparecen como novedosos, me parece. Tanto la revolución política generada en Francia, como la revolución económica y política generada en Inglaterra. Hasta aquí llega mi análisis y ahora me gustaría que comiencen las preguntas, el debate…
Daniel de Santis: simplemente, un comentario sobre algo que me llamó la atención de la revolución industrial. Uno de los elementos es la existencia de una gran cantidad de técnicos, tanto en el campo como en la ciudad. Los artesanos se van convirtiendo en técnicos, algunos ingenieros, pero, en general, técnicos. Y esto fue lo que permitió el surgimiento de innovaciones, como un gran mercado técnico, aportando nuevas ideas, que fueron los que terminaron inventando las máquinas que generaron el proceso de revolución industrial…
Saúl Casas: Sí, se dice que la revolución industrial fue más una revolución técnica que una revolución científica.
Daniel de Santis: Yo lo asociaba, y no es una asociación muy forzada la que hago, con lo que pasó en Grecia, con el surgimiento de la cultura griega, en el período clásico. Había entonces muchas escuelas, cada ciudad tenía sus escuelas, con sus pensadores, y hubo un gran intercambio, debates, entre distintas escuelas, que fue el origen de la ciencia moderna. Y yo asocio las dos cosas: cómo la proliferación del pensamiento, de alguna manera democrático en Grecia, y la proliferación de técnicos, también de forma democrática, en Inglaterra, generaron dos revoluciones profundas en el pensamiento de la humanidad. No sé si esto es forzar demasiado las cosas…
Saúl Casas: Sí, coincido en que estamos hablando de una revolución tecnológica, pero muy pragmática, había necesidad de generar nuevos elementos técnicos y por eso el impulso, porque había la necesidad de la creación de esos elementos técnicos. Uno de los grandes inventos es el ferrocarril. Está asociado al desarrollo de la minería, la producción del carbón, porque los ingleses habían agotado prácticamente las reservas de madera que tenían, prácticamente los primeros tiempos de la revolución industrial se devoraron los bosques que había en Inglaterra, el talado de bosques para alimentar las calderas y las necesidades del mismo proceso de urbanización, como la calefacción, por ejemplo, todo esto generó una necesidad de incorporar nuevas fuentes de energía. Cuando aparece el carbón como energía apropiada, fue, a su vez, necesario, llegar a los filones más profundos dentro de la roca y entonces fue necesario crear máquinas que permitieran bombear, sacar el agua que llenaba las galerías, y entonces las galerías se hicieron más profundas, y entonces se hizo necesario entrar en esas galerías con vagonetas impulsadas sobre rieles, pero después se dieron cuenta que podían colocar en esas vagonetas una máquina que las impulsara, y a partir de allí se creó el ferrocarril. El primero es de 1825. Se difunde por toda Inglaterra y después se difunde por todas partes del mundo.
Sin dudas, el invento más grande de la revolución industrial es el ferrocarril. Y prácticamente, al difundirse por el mundo, es el que impulsa el crecimiento y es la gran revolución en las comunicaciones. El otro gran invento es el telégrafo. También por la necesidad de comunicar rápidamente las noticias, las informaciones, el manejo del transporte, la comunicación, la velocidad entre el lugar en que se produce y el lugar en que se compra y se vende. Una cosa va impulsando a la otra, en un proceso de complementariedad. El impulso que genera el ferrocarril, a su vez… algunos que estudiaron las crisis… esto podemos decir que es propio del capitalismo, el capitalismo, cada tanto, tiene crisis cíclicas, y estas crisis están dadas por la súper producción, las crisis que genera el capitalismo es por sobre abundancia de productos, que genera sobre oferta que no es bien capturada por el mercado, y eso genera una caída de los precios, y estos una caída de la inversión…
Lo que generó el ferrocarril, sobre todo hacia 1830, es una forma de canalización de la inversión productiva, en momentos en que había caído fuertemente la inversión productiva, producto del agotamiento que había generado la falta de consumo en los niveles esperados de la producción. Cada tanto, el capitalismo genera esto: produce por encima de lo que el mercado consume. Entonces necesita buscar otras fuentes de inversión, porque lo peor para el capital es el atesoramiento. El capital atesorado no es capital, el capital es el capital que genera acumulación de capital. O sea, la plata no se guarda debajo de un colchón en el capitalismo, en la mentalidad capitalista, la plata se invierte, se reinvierte constantemente, pero, ¿cómo invertir en los momentos de crisis? Es necesario buscar formas alternativas para la inversión. El ferrocarril, en esta etapa, por lo menos, fue una muy buena excusa para la inversión.
Público: En la clase pasada habíamos hablado de las rebeliones populares y que las más importantes fueron aquellas en que se aliaron la pequeña burguesía con los obreros, como el Cordobazo, y creo también que la revolución más importante de la historia tuvo que ver con eso, ¿no? Porque la nobleza no podría haber hecho la revolución sin aliarse con el tercer estado y el tercer estado no podría haber hecho la revolución si no se hubiese aliado con la nobleza…
Saúl Casas: Lo que me parece que intentás traer a la discusión sería el momento en que se dan las revoluciones, es decir, cómo se van combinando…
Público: … lo que digo es que sólo con un sector no se puede llegar a la revolución…
Saúl Casas: Sí, no sé si el apoyo exactamente, pero parecería que en ciertas estructuras de dominación en un momento en que no pueden caerse solas, aunque a veces los quiebres internos, lo que se llamaría la ruptura de un bloque de poder, de un bloque de dominación, pueden darse también con el impulso de afuera, donde se van combinando esos elementos. Sería la crisis interna de un bloque más la intervención de sectores externos que ponen en tela de juicio el sistema de dominación, pero que quizás necesitan de la combinación de algunos elementos…
Público: (no se entiende)
Saúl Casas: Yo creo que en todos los procesos revolucionarios aparecen esas formas de oportunismo, pero ese oportunismo se da en un contexto de crisis, de algo que se está desmoronando y es como que lo terminan en empujar. Y se van combinando estos diferentes elementos sociales, diferentes intereses… Pero esos intereses, al ser también contradictorios entre sí, en determinado momento van a aparecer en escena, a veces siendo convergentes, pero también divergentes. Si vos lo vinculás a los hechos del 19 y 20 de diciembre de 2001 en Argentina, es interesante analizar cómo aparecen por momentos elementos convergentes y en otros momentos, elementos divergentes…
Público: (no se entiende)
Saúl Casas: Claro, si vos estudiás historia, la historia nos muestra que existen estructuras de poder sostenidas, básicamente, sobre estructuras de clase dominante-dominada, y que esas estructuras pueden durar un tiempo, pero siempre entran en crisis, crisis parciales, de cambios a través de ciertas reformas, o crisis finales que terminarán con la ruptura de ese estado de cosas… Y ahí se producen las revoluciones…
Público: (no se entiende)
Saúl Casas: Y sí, aparece la cuestión del interés…como diría Serrat, “no te toques el dinero”. Si me tocás la plata, ahí reacciono. No me toques el poder, el privilegio… Y, bueno, así se producen las crisis políticas. Me parece muy interesante, para analizar las revoluciones, ver estos procesos como complejos: aparecen diferentes elementos que se van combinando y las lecturas que uno puede hacer, me parece que también deberían ser complejas, por eso es importante hacer una lectura al nivel de la ruptura ideológica. Por ejemplo, cuando se estudia la revolución francesa, a veces se utilizan los insumos teóricos que provienen de la sociología política, algunos utilizan a Jünger Habermas, que dice que un momento de la ruptura política es cuando el espacio público-político es capturado por determinados sectores que comienzan a poner en tela de juicio la estructura política de dominación. Cuando la política ingresa en la esfera de lo público, dice Habermas. Interesante, porque parecería que en la revolución francesa la política era prerrogativa de la nobleza y el clero. La política la hacemos nosotros y la nobleza, diría el clero. El pueblo no puede participar de este asunto, el pueblo tiene que obedecer a la estructura política sostenida sobre la base de la nobleza y el clero, que legitimaban el poder, diciendo que el poder del rey era divino y que todas las leyes que emanaban de arriba había que cumplirlas, por orden del rey, por orden divina, y si no se cumplían había que pagar la pena por transgredir esa norma.
Pero cuando, al avanzar sobre todo la Ilustración y el Iluminismo sobre la esfera… por ejemplo, algunos dicen que la importancia de los bares, de los periódicos, la importancia de nuevos instrumentos de participación, importantes en los momentos en que ciertas estructuras comienzan a resquebrajarse, porque se van ganando espacios de participación novedosos, que van generando estas nuevas esferas, que en algunos momentos no eran tan bien estudiadas por algunas interpretaciones. Y me parece importante comenzar a estudiar las revoluciones, por ejemplo, la esfera de los medios de comunicación, cómo se transmiten las ideas, cómo se discuten las ideas, y cuando es necesario estudiar los procesos revolucionarios, me parece importante tomar este tipo de análisis también. Sobre todo, de los nuevos insumos que se han generado a nivel teórico, que hacen intervenir otras cuestiones, como el nivel de la cultura, el nivel ideológico, el nivel de la participación política, como para no entender las revoluciones solamente como una cuestión económica. Aparecen otras esferas para analizarlas, para estudiarlas…
Público: (no se entiende)
Saúl Casas: No, no, no… Para nada… Lo que ocurre es complejo, es un proceso de muchos años, y podríamos explicarlo de esta forma: el obrero se construye también socialmente, históricamente, y en ese proceso constructivo se va construyendo como clase. Esa construcción histórica lo obliga a elaborar una conciencia de clase y esa conciencia de clase lo hace también conformarse como clase política y, por lo tanto, a generar un universo de clase, un universo ideológico-político diferenciado de otras clases. Esto es algo que se da no sólo en Inglaterra, la construcción de la conciencia de clase es algo que tarda en cimentarse y construirse, no es algo inmediato. De cualquier manera, el hecho de pertenecer a una clase no garantiza que esa clase, además, adquiera una conciencia política de clase y lo lleve a la lucha política. Muchos optaron por la resignación, la depresión, el suicidio, el alcoholismo, que son formas de reacción frente al mundo rural que se resquebraja… el campesino que es expulsado de las tierras y es obligado a migrar a las ciudades…
Público: (no se entiende)
Saúl Casas: Claro, pero no sólo la resignación, la aceptación de ese destino cruel, que los lleva a llorar, sino que también está la lucha, la organización, las formas de sindicalización… Las primeras formas de lucha obrera son las de los lumitas, que eran aquellos que creían que el principal enemigo era la misma máquina, y entonces se organizaban para la lucha, sustentada en la ruptura de máquinas. Tanto es así que durante ese período de los movimientos “antimaquinistas”… pensemos hoy en los movimientos antiglobalización, que son formas de reacción, rompiendo a veces los íconos del mundo globalizado. Ir a romper Mc Donald´s es una forma de reacción frente a lo que se puede considerar un elemento propio de la sociedad globalizada. En aquellos años, era romper la máquina. ¿Cómo reaccionaba la burguesía? Metiendo leyes represivas contra los que rompían las máquinas.
De ahí en adelante se fueron creando otras formas de organización, por ejemplo, en Inglaterra se crean los Trade Unions, o sea, los primeros sindicatos obreros, que luchan por mejores condiciones de trabajo, por las 8 horas, pero también, dentro de la lucha reivindicativa económica, hay una lucha política. Por ejemplo, los obreros en Inglaterra, durante este período del régimen de monarquía constitucional, no podían votar porque el voto era un voto censitario, el voto está vinculado a los ingresos fiscales, por el censo, o sea, los que tenían propiedad podían votar, y entonces, de esa manera, los que no tenían propiedad tampoco tenían derechos políticos. Por eso, la lucha obrera no es sólo una lucha por mejores condiciones de trabajo, por mejores condiciones de vida, sino que es una lucha política. Y la lucha política lo lleva también a configurar un universo diferenciado de clase y a pensar estrategias de acceso al poder político.
Público: (no se entiende)
Saúl Casas: Si uno lo piensa en términos de lógica, de lógica político-social, es lógico que una clase, en una sociedad de clases, pretenda instalarse en el poder como clase dominante. Es lógico que la burguesía defienda sus privilegios de clase. Para eso tiene que vedarle el poder, el acceso a la decisión política, a otras clases, sobre todo a la clase opositora, como diría Gramsci, que es la clase obrera. Y particularmente, en el proceso de construcción de la estructura política, de la estructura económica. A la burguesía no podemos negarle su carácter revolucionario, pero tampoco podemos negarle su carácter conservador una vez que accede al poder político, porque necesita revolucionar las fuerzas productivas, pero amortiguar esa revolución deteniendo el avance de otras clases sociales, al acceso a las decisiones políticas y a poner en tela de juicio el nuevo régimen de acumulación, al régimen de la propiedad. La propiedad no se toca.
En la sociedad capitalista, la burguesía busca que la propiedad nunca se ponga en tela de juicio, que la propiedad privada siga siendo propiedad privada. Porque ese es el garante, es la base sobre la cual se sustenta la estructura de dominación y la estructura económica. No hay una estructura económica capitalista si no hay una propiedad privada de los medios de producción. Eso no se toca, no se puede poner en tela de juicio, porque se rompe el andamiaje sobre el cual se sustenta la sociedad capitalista. Esa es la garantía fundamental que debe sostener la burguesía: garantizar que nunca otras clases, sobre todo los sectores populares, la clase obrera, ponga en tela de juicio el régimen social sobre el cual se sustenta la propiedad.
Podríamos hablar de la libertad en términos generales, pero la libertad también tiene sus limitaciones cuando es necesario hablar de lo que significa realmente el concepto de libertad. La libertad de circulación, de opinión, está bien, pero la propiedad, no. “No me toques el dinero”. De eso no se habla, hasta acá llegamos. Cuando querés poner en tela de juicio esto, está la represión. Ese es el límite.
Público: (Imposible transcribir)
Saúl Casas: Pero ahí estás negando la historia. Si vos sos historiadora, vos tenés que pensar que los cambios estructurales son posibles, porque la historia marca eso.
Público: Sí, porque siempre hubo un nivel social. Por más que caiga uno, siempre va a ver otro.
Saúl Casas: Pero por qué no pensar en construir otro tipo de sociedad.
Público: Más bien, yo también quiero construir otro tipo de sociedad, pero yo hablo por hoy (no se entiende).
Saúl Casas: Si hablamos de sociedad de clases, es obvio que, como toda sociedad de clases, va a haber clases dominantes y clases dominadas. El tema es construir una sociedad sin esas clases o que se invierta el proceso, pero esto implica modificar estructuralmente los regímenes de acumulación, los regímenes de propiedad, de acceso al poder político. No nos olvidemos del tema de la política, es muy importante estudiar los procesos revolucionarios. La burguesía, dentro de la democracia liberal, de lo que trata es de evitar el acceso de la mayoría en las decisiones políticas.
Por ejemplo, yo estoy estudiando ahora, como un interés personal, la crisis de representación en América Latina, la crisis de los partidos políticos en América Latina. Casi todas las democracias latinoamericanas han copiado el régimen constitucional de la democracia representativa al estilo norteamericano. La mayoría de las constituciones, salvo la constitución bolivariana, actualmente, toman como punto de modelo la constitución de Estados Unidos. La constitución de Estados Unidos, que se crea después de la revolución de 1776, del proceso de independencia, se edita en 1787 y tiene como base, en principio, que la democracia norteamericana es una democracia representativa, donde los que dirigen el Estado son representantes del pueblo, pero esa es la garantía de que la mayoría, considerada, por otra, parte irracional, nunca pueda acceder a la dirección del Estado: los que pueden acceder son los representantes del pueblo.
Pero la democracia representativa es una forma que tiene la burguesía de dominar, de controlar el régimen político. Entonces, cuando hablamos de sistema democrático, tenemos que analizar las características del sistema democrático y ver cómo se estructura la política, cuáles son las restricciones de acceso al poder político, que la democracia en sí posee y genera. Yo creo que una buena manera de oponerse y avanzar en un sentido verdaderamente democrático, es crear las condiciones para el avance de una democracia no representativa, sino una democracia participativa, que genere un proceso de participación.
Público: Para que haya democracia, como dice la teoría, también tiene que haber política.
Saúl Casas: Pero la democracia participativa también es cortada permanentemente, limitada, atomizada, por los regímenes de la democracia representativa. La democracia representativa no se toca, tampoco se toca, porque es la que garantiza el régimen social de acumulación. Porque si no, no podríamos entender los conflictos del 19 y 20 de diciembre, donde se apostó claramente con el “que se vayan todos” a atacar, justamente, a la democracia representativa y a sus representantes. En principio, de eso todavía no se habló nada. Hasta ahora, de la reforma política, por ejemplo, de crear una asamblea legislativa donde se discuta una nueva constitución, que permita el avance sobre las asambleas, el régimen asambleario, que es un régimen de democracia genuina, eso no se toca.
Público: Por lo menos en la Argentina, es el claro ejemplo de los manejos políticos de la clase política que está hace cuarenta millones de años, que no se van más, de los manejos políticos que hacen, te meten miedo, te meten cosas en la cabeza que no van, meten palos en la rueda en la educación, un montón de cosas sobre los manejos políticos que hacen a lo que hoy es. Por ejemplo, lo que yo te decía hoy, que para que haya democracia tiene que haber política, porque justamente, yo que hablo con los chicos en la facultad, ¿qué es lo que entienden los jóvenes hoy por política? Lo que se les enseña, no. Uno le dice “política” y te dicen “no, a mí no me interesa, yo no me meto en política. Yo voto a cualquiera o voto en blanco; sí, política, ¿qué es? Política es corrupción, a nosotros nos robaron todo. Son todos unos corruptos, unos gatos”. Yo creo que lo que tiene que hacer el gobierno es enseñar de la política, la mayor claridad; la política es discutir, es apostar cada uno lo mejor que tiene, qué se yo, tratar de formar siempre mejor. Pero hoy la política está muy bastardeada, es basura. De ahí viene el desinterés político de la juventud y la destruye, porque si el objetivo es cambiar, si nosotros somos el futuro político del país, la idea es que nos interese. Yo creo que la juventud está esperando el cambio hace tantos años y si se está armando todo esto en América, que “ya estamos hartos”, que “todo es una bomba de tiempo”, no tenemos que seguir permitiendo los manejos políticos del Estado, de trabarnos para poder pensar. En América Latina es el claro ejemplo que las clases dominantes siempre manejaron a su gusto el resto, ¿no? Eso, porque nosotros les permitimos; ahora, qué pasa: cuando hay un levantamiento popular importante como el 19 y 20 de diciembre, se mete miedo, hay represión, y la Argentina tiene una herida muy grande, que es que siempre hay que dar un paso al costado, tiene miedo y cuando lo da, nos vuelven…
Otro del Público: (No se puede transcribir).
Público: Pero el pueblo tampoco se anima a dar el cambio. En las últimas elecciones, por ejemplo, siempre se postulan muchos partidos, pero nadie se anima, hasta ahora a no ser el peronismo o el radicalismo, nadie se anima. En las últimas elecciones tenías dos opciones: o lo votabas a Kitchner para que no vuelva Menem. Si votabas a Carrió, a la Izquierda, al PO, tirabas el voto, porque era votar a uno, para que no gane el otro.
Otro del Público: Porque justamente son los mecanismos que tiene la clase dominante de encajonarte y llevarte a hacer lo que ellos quieren.
Saúl Casas: Yo creo que es necesario un proceso de reforma de la democracia, pero no de la democracia representativa, sino crear otro sistema democrático. Realmente popular, basado en asambleas de decisión, en que las decisiones puedan emerger de la propia discusión, desde abajo. Esa democracia parecería utópica, pero sin embargo, con los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre, particularmente yo participé en algunas asambleas y me parecieron muy ricas, porque fueron surgiendo muchísimas cosas interesantes. Pero esas asambleas fueron boicoteadas por gente que mandaba el poder. Alak, por ejemplo, mandaba tipos. Yo estaba en Ringuelet, de donde soy.
O sea: hay estructuras de poder que boicotean el trabajo y eso es parte de la lucha política. Me parece que hoy la gran crisis del modelo capitalista de dominación es la crisis de la política. El régimen de la globalización no tiene una estructura política que le permita garantizar su régimen de acumulación. Hasta ahora la tenía, que era la democracia representativa, pero esta democracia hace agua por todos lados. Por ejemplo, el caso de la revolución francesa que hoy analizamos: no hay garantía política para mantener el régimen, se llama a Napoleón. Es decir, la política no se hace sino desde el poder militar. Napoleón fue el garante de la burguesía.
En América Latina, durante años se llamó a los militares, a las dictaduras militares. Ahora estaríamos en un proceso en el que los militares están desacreditados. ¿Qué es lo que puede garantizar el régimen de acumulación cuando las crisis sociales se profundizan? ¿Nuevamente llamar a los militares? Habría que preguntarse si es posible o no un golpe de Estado. Pero fíjense que hasta ahora, después del extraordinario reclamo del 19 y 20 de diciembre, lo que hay que profundizar es una democracia participativa, que ponga en tela de juicio no sólo a la clase política, sino a la forma de estructuración de la política. De eso no se habla. Ni se va a hablar. Ni esperen del gobierno que lo haga. Y si lo hace, todo dependerá de los límites que impondrá.
Público: (…) Se ha aprovechado a la democracia representativa como una estrategia revolucionaria, entonces yo tal vez no veo tan claro esto de que desde del Estado aparecen estrategias contrarias a la clase dominante, dentro de lo que es la democracia representativa y cómo dentro de ese contexto latinoamericano se está dando una situación donde aparecen las democracias representativas como una posibilidad de cambio (…)
Saúl Casas: Mirá, tuve la oportunidad de leer la Constitución bolivariana. Recomiendo su lectura, porque sería un manual para estudiar una reforma constitucional, el carácter de una reforma constitucional. Tiene algunos puntos muy interesantes esta Constitución, en cuanto, por ejemplo, al derecho indígena. Pero no deja de ser una constitución reformista, en lo que hace a algunos aspectos, como la nacionalización del petróleo, por ejemplo. Y, además, tiene elementos de keynesianismo, o sea, el Estado que dirige la economía, tratando de generar pleno empleo y desarrollo de una burguesía nacional. Más o menos, ese sería el modelo, en cuanto al desarrollo nacional. Pero tiene elementos interesantes que apuntan a la participación ampliada, a través de las asambleas y de elementos que tienden a una democracia de mayor participación. Y esa es una punta de lo más interesante para trabajar, para pensar la política. Porque yo creo, finalmente, que ese es un lado interesante para ver el futuro de la política en América Latina: el avance de la democracia participativa. Yo creo que los sectores dominantes le temen muchísimo a la participación, a la decisión de abajo, a la asamblea, a la discusión.
Si nosotros tomamos el ejemplo de la Revolución Francesa, la etapa del Terror fue una etapa en la que, precisamente, creció el fenómeno de las asambleas populares. El sector de las asambleas populares se nutría de la pequeña burguesía, pero también del proletariado urbano. Era la etapa del terror en un doble sentido: el terror aplicado desde el estado por una pequeña burguesía que controlaba Robespierre, pero también era el terror de la aristocracia y de la burguesía comercial ante el avance de las reivindicaciones que generaban lasa asambleas populares. Entonces, ¿qué hacemos con esto? El golpe de Estado de 1795: acá ponemos otra vez orden. Le tienen mucho miedo a la participación, hay mucho temor en los sectores dominantes a la participación política.
Público: ¿Por qué no tiene fuerza Robespierre, por qué se queda solo, por qué, cuando viene la reacción, no tiene capacidad de respuesta?
Saúl Casas: Bueno, porque se va aislando en ese proceso, porque se ponía cada vez más autoritario, eliminaba a los que consideraba opositores, y porque fue avanzando, incluso, en la eliminación de sus propios compañeros, que eran los más radicalizados dentro de su banda. Y esto me parece que también es uno de los problemas de la pequeña burguesía. Cuando se radicaliza esta pequeña burguesía, adopta formas muy autoritarias. Esto no es tan fácil de, no digo de entender, sino de verle la solución, de encontrarle el camino. Los procesos son complejos y, generalmente, entran a jugar diferentes tendencias y en esas peleas es que los sectores dominantes terminan ganando. La derecha se junta más rápido cuando tiene que cerrar filas y decir: “no nos peleemos más entre nosotros, porque acá el enemigo son los sectores populares”. Cierran filas y toman las decisiones que tienen que tomar más rápidamente.
Como decía hoy, en las asambleas en las que participé noté que había compañeros que venían de diferentes partidos políticos y las reivindicaciones eran de máxima, mientras que la gente que venía “del común”, tenía reivindicaciones de mínima, en principio. Por ejemplo, la gente iba por las cloacas, por los desagües, mientras otros compañeros arengaban contra el FMI. Pero habría que haber participado con otros planteos, un poco escuchar e ir trabajando eso e ir llevándolo. Pero, bueno, son cosas que pasan.
Público: (no se entiende)
Saúl Casas: Fíjense esta imagen. Esto ocurrió el 11 de abril de 2003 se produce el golpe de estado que lo saca a Chávez, y, a su vez, un grupo político-social, liderado por algunos dirigentes de Fedecámaras, que es como si fuera la Unión Industrial Argentina. Son los industriales vinculados a la clase económicamente dominante, juntamente con un sector de la iglesia católica y de un sector de la derecha sindical, el sindicalismo del poder. Estos tres sectores dan el golpe y sacan a Chávez. Estaban instalados en el Poder, en el Palacio Miraflores de Caracas, que mira hacia una plaza, y más allá están las montañas, que rodean a Caracas. En las montañas, en los morros, viven las clases populares, los sectores más pobres de Venezuela. Hay una filmación en la que se muestra a los golpistas detrás de un ventanal y atrás la plaza. De pronto se ven millones de personas bajar rumbo a la plaza. Suena un teléfono, alguien levanta el tubo y mira hacia la plaza. Y ve millones de personas que vienen y se ve también cómo todos se escapan, se van, queda vacía la cámara filmando y se ve a todos los golpistas huyendo, escapándose como ratas.
¿A qué le temían? A esa masa de gente. Ahí está el tema: lo podemos criticar a Hugo Chávez, podemos decir que es populista, neopopulista, facho, incluso, que utiliza al pueblo, que lo manipula, pero el tema es cuando se mueve la gente, ¿hasta dónde puede llegar a manipularse? Yo creo en esa base. Después, puede haber manipulaciones, controles de arriba, cualquier cosa, pero estando la masa en la calle, a eso le temen los sectores dominantes siempre, le van a temer toda la vida, le van a temer al pueblo movilizado. Esto que está pasando (se refiere a los bocinazos que se escuchan desde hace rato, de la hinchada de Estudiantes festejando un triunfo por la Copa Libertadores) es una forma de movilización, pero es parte del sistema, porque es fútbol, es parte del juego del sistema. A todos nos gusta el fútbol. Pero con esto no pasa nada. Si estos bocinazos fueran para bajarlo a Alak, por ejemplo, ya están las tanquetas ahí.
Público: (no se entiende)
Saúl Casas: Siempre en las revoluciones está lo objetivo y lo subjetivo. Lo objetivo parte del momento, de la estructura. Y nosotros, como sujetos sociales, formamos parte de esa estructura y estamos, de alguna manera, dentro de esas contradicciones. Pero cuando se une el elemento subjetivo, tu idea del cambio social, junto con el momento objetivo, la crisis social, esa unión es la que genera las condiciones para el cambio social profundo. Pero eso no siempre coincide: lo que vos pensás con la estructura. Para el 19 y 20 de diciembre se tuvieron que dar las condiciones. Y ahí se van sumando diferentes cuestiones, pero también hubo necesidad de reprimir, de asesinar gente, porque temían que se tomara la Casa Rosada, que podría haber ocurrido. Pero eso no resuelve el conflicto de base, que está latente, que está dando vueltas, porque mientras los conflictos no se resuelven, vuelven a aparecer. Es algo como una tormenta, que vuelve.

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